Cómo saber si el presupuesto de tu reforma es real o inflado
Pides tres presupuestos para reformar tu cocina. Uno de 12.000€, otro de 18.000€ y otro de 23.000€. ¿Cuál es el bueno? ¿El del medio, como dicen todos? ¿El más barato porque "son todos iguales"? ¿El más caro porque "algo sabrá"?
La realidad es que sin criterio técnico, no tienes forma de saberlo.
Lo que esconde un presupuesto de reforma
Un presupuesto de reforma no es solo una lista de precios. Es un documento técnico que puede estar bien o mal redactado, completo o lleno de lagunas, ajustado al mercado o inflado un 40%. Y la diferencia no siempre se ve a simple vista.
Las señales de un presupuesto problemático son concretas: partidas sin medición detallada, materiales sin especificar marca ni calidad, ausencia de gestión de residuos, imprevistos no contemplados, o simplemente capítulos enteros que faltan porque "ya se verá en obra".
Eso último es el más peligroso. Lo que no está en el presupuesto no desaparece — aparece en la factura final.
Qué hace un técnico cuando revisa un presupuesto
Una auditoría de costes de reforma no es comparar números. Es verificar que cada partida tiene sentido: que los metros cuadrados cuadran con el plano, que el precio unitario es coherente con el mercado actual, que no faltan capítulos y que lo que está escrito es lo que realmente se va a ejecutar.
En Martín & Setién revisamos presupuestos de reforma antes de que firmes nada. No para decirte con quién contratar — eso es decisión tuya — sino para que sepas exactamente qué estás contratando y a qué precio real debería salirte.
Lo que solemos encontrar
En la mayoría de los presupuestos que revisamos aparece alguna de estas situaciones: partidas duplicadas con distinto nombre, materiales de gama baja presentados como estándar, o precios de mano de obra que no incluyen seguridad social ni seguros. No siempre es mala fe — a veces es simplemente que nadie lo ha revisado con criterio técnico.
Antes de firmar un presupuesto de reforma, merece la pena que alguien que sabe lo mire. El coste de esa revisión es siempre menor que el de la sorpresa.




